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Ante la Ley antidescargas: Las descargas ilegales de internet ¿afectan a tu trabajo como creador?

Revista de los artistas residentes de Hangar
Una propuesta de Pilar Cruz
Dirección_Pilar Cruz
Redacción_Daniel Gasol
Firma invitada #1_ Mery Cuesta
Diseño web_ pimpampum.net
Correcciones_ Maria Jesús Vall Balcells / Jacqueline Heeley LaCeldabierta.com
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Comunicaciones textuales en el arte: yo escribo y tú me lees

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 Comunicaciones textuales en el arte: yo escribo y tú me lees.
Mery Cuesta

Me congratula inaugurar, como diría la retórica monárquica, el primer número de la revista on-line de Hangar, y más con un artículo que viene muy a cuento del acto que estamos cometiendo juntos en este mismo momento: yo escribo y tú me lees.
Este texto viene a desarrollar literariamente algunos apuntes que primero salieron como garabatos (conjuntos, redondeles, y rayas que comunicaban unos con otros), y aunque estas ideas podrían haberse desarrollado en forma de dibujo de un mapa mental, Pilar Cruz y yo hemos decidido darle forma de texto, acostumbrados todos como estamos a las líneas justificadas y los párrafos tochiformes. Morfología que viene al pelo, por otro lado, para abordar el papel de las comunicaciones textuales impresas que leemos o redactamos los agentes implicados profesionalmente dentro del ámbito del arte contemporáneo. Lo que se expresa verbalmente en cualquier corro profesional es normalmente espontáneo y tendencioso; lo que se escribe, quizás sea menos tendencioso en apariencia porque la retórica maquilla. Pero vamos a aplicar el Clearasil, a ver cómo vamos de granos.
 
Habla el artista: dossieres, jurados y burocratización
 

A menudo se critica la incapacidad del artista para explicar por sí mismo su trabajo, sin necesidad de echar mano de mediadores, como pueda ser, principalmente el crítico. Cierto es que zumba la mosca tras la oreja cuando nos topamos a un artista que comenta que está metido en un interesante y nuevo proyecto personal, y cuando una pregunta con afán de ahondar de qué va la cosa, el artista simplemente trufa una narratividad entrecortada de "Bueno, ya sabes", "O sea, lo de Lacan" o "Serán dos pantallas". Vamos, que no es capaz de construir un discurso consistente, explicativo (ya no hablemos de seductor) sobre su propio trabajo. Es por ello que el crítico, desde hace décadas, ha desplazado su papel al de vocero del artista, abandonando el rol que tanta falta hace y para el que se concibe en esencia su figura y papel, que es el de ofrecer lecturas superpuestas a las del propio artista y, más allá (y estoy definiendo mi ideal de crítico), abrir la óptica y a partir de esa propuesta disparar intelectualmente en dirección a otros campos. Pero la realidad del artista es que quien tiene un amigo crítico tiene un tesoro.
Ahora bien, hay protocolos del arte contemporáneo en los que el artista no se escabulle y tiene que hablar: son las subvenciones, concursos y dotaciones, en las que se hace necesario un dossier que haga creer a un jurado (al que no se le discute una total legitimidad) que se es merecedor de un premio.[1] Proceso ilusionista donde los haya, por lo arcano y por la cantidad de presunciones sobre las que se equilibra. Es tendencia que los dossieres en los que los artistas formulan su boleto para la rifa respondan hoy a una serie de parámetros establecidos por la propia institución. La finalidad es que al jurado se le haga la mañana más cómoda. A tal propósito se celebran cursillos de cómo armar tu dossier, que vienen a ser consejos de como rellenar el formulario E300[2]. Esta burocratización del discurso del artista no hace más que regular su expresión con el fin de adecuarla a los corsés de la necesidad económica. Un dossier de artista debería ser tan personal como un neceser.
 
 

Habla el crítico: catálogos, artículos y conceptos-cliché
 

Retomamos la idea del crítico modélico que dota de herramientas de reflexión superpuestas a las del propio artista o fenómeno cultural. Éste también debe ser investigador y experimentador del lenguaje: el arte es un campo idóneo para la gimnasia literaria. Que la reja crítica del arado se introduzca bajo la primera capa de lectura, y excave bien a fondo el sustrato, para que comamos un pan del conocimiento más nutritivo. Pero - por lo general - de eso ná.

Los debates sobre la pérdida de potencial crítico en arte contemporáneo se suceden desde hace décadas; el servilismo, el nepotismo y el amiguismo son las afonías que aquejan la voz crítica. Pero hay otra afección aparte de éstas, subjetivas en su observación y escurridizas a la hora de señalarlas públicamente. Es el cripticismo. La crítica de arte, ni en catálogos ni en artículos para prensa especializada, desea abandonar el status de élite que le confieren sus propios protocolos y su propio léxico: de ahí que insista en parapetarse en formulaciones encriptadas para una mayoría. Esta situación, este deliberado no querer acercarse a un público lector más amplio, tiene la contraindicación de que los propios profesionales acaban dejando de leer por puro tedio. Siento como si me clavaran una espinita en la planta del pie cuando alguien, al ver esfuerzo a la hora de escribir un texto para un catálogo, dice: "Pero que más da, ¡si los textos del catálogo no los lee nadie!". Me duele porque en esencia tiene razón. De todas maneras sí hay una pequeña porción de individuos que lee ese texto: los aludidos y el traductor.
Sobre el lenguaje y léxico de los críticos, apuntar una patología muy común que es la de los "conceptos-cliché". Para explicarla, permitidme que cite a Unamuno, quien radiografiaba en 1907 al crítico imaginario Antolín S. Paparrigópulos de la siguiente manera:
"Para el mejor logro de sus empresas se había bañado en literaturas extranjeras, y como esto se le hacia penoso pues era torpe para lenguas extranjeras y su aprendizaje exige tiempo que para más altos estudios necesitaba, recurrió a un notable expediente aprendido de su maestro. (...) Y una vez que había cogido la opinión media de los críticos más reputados respecto a este o aquel autor, hojeábalo en un periquete para cumplir con su conciencia y quedar libre para rehacer juicios ajenos sin mengua de su escrupulosa integridad de crítico".[3]
Esta dinámica del ojeo y posterior re-cita de una cita haciéndola pasar por bagaje propio va cribando el conocimiento sensiblemente, de tal manera que los granos que quedan en el cedazo son los Conceptos-cliché, paradigmas ampliamente cacareados, pero sospechosos de nula profundización por parte de quien los usa; y si no ¿porqué Bachelard es siempre poética del espacio, Deleuze y Guattari máquina de deseo, y Benjamin flaneur ? Los conceptos cliché no nos hacen bien porque no se consideran objeto de revisión. Los no-lugares de Marc Augé necesitan un cacheo.
Para acabar: aduciréis que, a parte de catálogos y artículos, hoy gozamos de la crítica en formatos de lectura y difusión nacidos al calor de Internet. Aqueja los mismos síntomas citados (si me apuráis, el efecto Concepto-cliché se acusa aun más por el ctrl C-ctrl V), pero eso sí: permite contrapuntos, feedbacks y contestaciones. Lástima que la mayoría sean anónimos improperios.

Habla la Institución: notas de prensa y hojas de sala en antítesis
 

Las comunicaciones textuales que se emiten por parte de las instituciones del arte pretenden tener un cariz puramente informativo. Las notas de prensa exponen bien claritos una serie de datos que llamamos técnicos, y una descripción léxica y moralmente correctísima para que la noticia corra como la pólvora. Las notas de prensa son instrumentos necesarios y normalmente bien articulados para la difusión de las actividades culturales. Otra cosa son las hojas de sala, flyers impresos en blanco y negro tamaño folio que se ponen a la entrada de la sala con la sana intención de hacer más digestivo el contenido. Qué sería de muchos náufragos sin la tabla de salvación de la hoja de sala, que provee de puntos de apoyo en un mar de formas y mensajes incomprensibles. De nuevo nos encontramos ante un dispositivo de interpretación de lo artístico. Como soporte didáctico u orientativo, la hoja de sala es de recibo, es decir, forma parte de la labor de difusión cultural que figura en la idiosincrasia de las propias instituciones culturales. Pero la hoja de sala cumple a menudo un papel demasiado generoso... para con los artistas, puesto que más a menudo de lo que quisiéramos las propuestas artísticas no son capaces de hablar por ellas mismas, y necesitamos de esa tabla de interpretación de códigos que se nos proporciona al entrar. Una vez leída, ah, ahora sí, siento. No debemos abandonar a merced de simples folios fotocopiados el peso, no sólo de la interpretación, si no de la percepción, el sentimiento y la emoción que exuda una propuesta artística.
Como veis, ambas comunicaciones textuales por parte de la institución están en antítesis: mientras la nota de prensa es desapegada como un témpano, la hoja de sala se pasa de calor paternal.

Lo dicho con respecto a las hojas de sala es extensible a los vinilos de pared, ya que algunos organismos e instituciones prefieren gastarse algo más de dinero en un buen vinilo, sea por previsión de mucho tráfico de visitantes o por evitar el bochorno de ver los folios hechos gurruño.
Habla el periodista: refritos y espectáculo
 

La nota de prensa llega al periodista, quien - en el caso de no estar especializado en arte y cultura - la reproduce tal cual, y en el caso de estar especializado, la refríe. Cambio indicativo por subjuntivo, meto subordinada, y listo. Lo que parece un chiste, es desafortunadamente real aunque algo más vermiforme en los medios de difusión cultural de gran tirada, que se encuentran en un terreno a medias entre la impostación de criterio y la promoción. Las reseñas de arte en periódicos y revistas de gran tirada son asépticas. Agobiadas por el peso de la visibilidad, tienen antes en cuenta la significación y rentabilidad de ocupar ese espacio en página, que los argumentos que venga a expresar un texto. De ahí que: a) una reseña no demasiado complaciente desate las iras del Olimpo, y consecuentemente b) las reseñas son en su gran mayoría favorables.  Se dejan oír ocasionalmente algunas voces disonantes en los grandes medios de prensa escrita, pero suele tener más que ver con enfants terribles y dinosaurios, dos interesantes mitos del mundo del periodismo a desmenuzar en otra ocasión.
 

Por otro lado, subrayar el frecuente enfoque sensacionalista que desde los medios de comunicación generalista se aplica al arte contemporáneo; los telediarios se emplean en destacar las propuestas artísticas desde el punto de vista más espectacular y chocante. Estos reportajes y noticias rubricados casi siempre con un comentario humorístico tienen un potencial social altamente tóxico, pues inciden en el paradigma del artista iluminado y/o timador, reforzando la brecha entre el público y el arte contemporáneo. Un par de sonrisas arrancadas en la sobremesa a costa de los artistas que salen demasiado caras.
 
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Este repaso de las comunicaciones textuales en el arte se han referido en su mayoría aquellas que se materializan en papel impreso, pero queda pendiente de analizar las especificidades de las que se desarrollan en Internet, que sólo hemos tocado de pasada y que, sin embargo, presentan una definitiva ruptura con los límites dialécticos asumidos hasta el momento: yo escribo, tú me lees.... y replicas.

[1] Autocita: consultar a este respecto el texto escrito por Jorge Luís Marzo y yo misma titulado 'Sobre los jurados artísticos: la conveniencia de publicitar sus deliberaciones'_ Disponible en: www.merycuesta.com/pdf/jurados.pdf

[2] Que, por cierto, es el de prestación para el desempleo.

[3] Miguel de Unamuno: 'Niebla', Ed Cátedra, 1985.